Un diálogo con el entorno.
- 12 mar 2016
- 2 Min. de lectura
El siguiente texto es producto de una salida al rededor del campus de la Universidad Pontificia Bolivariana, sólo a observar y tomar fotos de aquellas cosas que llamaron mi atención.

El día de hoy la naturaleza llamó mi atención. El color de las flores, las hojas y la textura de los árboles, algunos más jóvenes por lo tanto la corteza era más clara, a diferencia de los viejitos apoderados del espacio y con colchones de hojas secas a su alrededor, ellos conocen mejor que nadie la historia del lugar que pisamos. Me generó satisfacción ver pequeñas gotas de agua entre las hojas gracias a la lluvia de la mañana, de seguro por eso las flores estaban vestidas de alegría.
Es asombroso ver como las plantas permanecían con el rocío de la mañana, bañadas por la lluvia como si supieran que el día apenas comenzaba y seguro el so l del mediodía y la tarde sería implacable, yo diría que ellas saben más lo que es ahorrar agua y gastar lo necesario, si hablaran nos enseñarían a ser mejores seres humanos, así como ellas son buenos seres vivos.
Por otro lado, pude ver la practicidad de los seres humanos, siempre queriendo poner todo en orden o como un patrón para que nadie se salga de lo estipulado, es decir para que nuestra vida fluya de acuerdo a la carrera del día a día. Me refiero a las líneas que señalan por dónde caminar, el orden de los adoquines en el piso, definitivamente somos un mundo diseñado bajo figuras geométricas; círculos, cuadrados, rectángulos, líneas etc. Tal vez por eso algunas personas son tan cerradas a lo nuevo o diferente, todo lo que nos rodea los dispone indirectamente.
Mi conclusión de ésta experiencia se basa en que todo tiene un orden, por un lado natural y por el otro artificial, creado por el hombre. Lo dicho anteriormente parece ser algo obvio, pero que salta mucho más a la vista cuando salimos a caminar y analizamos cada rastro con una mirada diferente. Finalmente, todo está lleno de señales o mensajes.



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